Abrir las ventanas de la política

Artículo de Javier Madrazo. publicado en Noticias Obreras. Junio 2015

La crisis económica ha traído consigo, entre otros muchos factores negativos, altos índices de desempleo, empobrecimiento de importantes sectores de la población, recortes de derechos laborales y sociales, desahucios de viviendas y pequeños negocios, privatizaciones de servicios públicos y precariedad en el mercado de trabajo, especialmente entre las personas más jóvenes y las mujeres. El panorama no puede ser más desolador. Sin embargo, como en todos los periodos negros también hay elementos positivos, que merecen ser subrayados. En España, la crisis económica está en el origen del desafecto ciudadano hacia las élites que ejercen el poder, un fenómeno nuevo, que ha despertado la indignación de millones de personas, que por primera vez en mucho tiempo son conscientes del valor de la política para defender sus derechos y apelan a la democracia real para que su voz no sólo sea escuchada sino también y sobre todo tomada en consideración.

En este contexto, formaciones políticas alternativas como Podemos y Ciudadanos ganan adhesiones y erosionan, por fin, el bipartidismo, en el que Partido Popular y PSOE han vivido cómodamente instalados, en la confianza de que este estatus tenía carácter vitalicio. España ha vivido cuarenta años de democracia tutelada por las élites, que escribieron un relato falso de la transición para perpetuarse en el poder, engañando a la ciudadanía con el señuelo del voto cada cuatro años y un régimen de libertades(cada vez más disminuido) y participación, en el que se nos ha negado siempre el derecho a decidir cómo queremos vivir y cómo queremos organizarnos. Nos han tratado como a personas sin criterio y voluntad, nos han anestesiado vendiéndonos el espejismo del crecimiento y el desarrollo, y, en última instancia, nos han abocado al consumo irrefrenable como garantía de felicidad. Mientras tanto muchos de quienes han mandado se han enriquecido sin límite, han blindado su futuro con pensiones millonarias y se han creído al margen de la justicia, ocultando sus vergüenzas en paraísos fiscales y empresas pantalla.

Debemos desear que los resultados electorales y las alianzas surgidos de la cita con las urnas corten de raíz estas prácticas y hábitos, confiando que la presencia de un mayor número de agentes en el terreno de juego obligue, al menos, a ser más combativos contra la corrupción y más solidarios con las personas que se encuentran en una mayor situación de vulnerabilidad. Son muchas las necesidades y también muchas las expectativas. La ciudadanía, cansada de sufrir en solitario el impacto de la crisis económica y defraudada por los incumplimientos y tropelías de muchos de quienes ejercen la política, no aceptará esta vez nuevos fraudes y pactos oscuros de reparto de poder como ha ocurrido en el pasado. Esperemos que la exigencia sea ahora mucho mayor, y las prioridades que marcarán los pactos post-electorales estén condicionadas por la urgencia de impulsar la economía real, crear empleo de calidad y promover acciones que contribuyan a regenerar la democracia y recuperar los derechos y libertades que nos han sido arrebatados en estos últimos seis años.

Los comicios generales serán la auténtica prueba de fuego para propiciar un cambio de modelo o, cuando menos, para gestionar las instituciones con mayor transparencia y contacto con la calle. Las encuestas unas veces aciertan y otras se equivocan cuando distribuyen escaños y porcentajes de voto, pero siempre atinan cuando reflejan los sentimientos y percepciones de las personas. Hay unanimidad en poner de manifiesto cuáles son las preocupaciones ciudadanas -el mercado de trabajo y la ética en la política- y ahora sólo queda que quienes tienen potestad para ello actúan en coherencia.